Un mito muy común respecto de valoración de empresas es que la utilidad neta y flujo de caja son sinónimos

La utilidad neta es un concepto contable artificial que difiere del flujo de caja. La utilidad neta contiene la deducción del gasto por depreciación y excluye el servicio de la deuda, los retiros o dividendos distribuidos a los socios, los desembolsos en activos fijos y los cambios en el capital de trabajo. Por lo tanto, su saldo difiere del flujo de caja generado por una empresa.

Por ejemplo, una empresa con máquinas obsoletas que están completamente depreciadas, que requieren una pronta renovación o reparación y cuyos excedentes han sido distribuidos a los socios, podría parecer más rentable según una comparación de sus utilidades netas que aquella que tiene máquinas nuevas y ha acumulado fondos para imprevistos, pero ello no es efectivo, como sí lo demuestra una análisis de sus flujos de caja.

En resumen, el flujo de caja es más inclusivo y más relevante para determinar el precio de una empresa, porque refleja la cantidad de caja disponible para los inversionistas sobre sus requerimientos operacionales, la cual es la esencia de la determinación de su valor.

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